En la historia se han manifestado dos ideas aparentemente contradictorias: la primera afirma que en el ser humano hay un sentimiento innato de trascendencia, de “mirar hacia arriba”; la segunda nos habla de personas que afirman no haber tenido nunca sentimientos religiosos.
Lo primero es inseparable del hecho cultural. Quiero decir, que habría que remontarse al momento cero para ver cuándo surgió el hecho religioso o si ya desde bebé lo traemos. Se han hecho muchos experimentos para ver lo que un bebé sin influencia cultural manifestaría por sí mismo pero esto hoy día es ilegal e imposible. Lo que nadie puede negar es que desde el Neolítico se dan manifestaciones religiosas, creencias en seres superiores y en una vida más allá de la muerte. Pero que se den, no significa que no puedan ser simplemente invenciones ante la falta de ciencia o el temor.
Lo segundo también es difícil de probar pues solo se sustenta en las propias afirmaciones del sujeto, que podría también mentir para justificar su falta de fe. En la mayoría de los casos se trata de personas que fueron creyentes y se han desengañado o que han evolucionado hacia el racionalismo. No está exento de un cierto postureo el decir que siempre fueron así, irreligiosos.
Si es verdad que nunca sentiste emociones religiosas, las palabras de este post no son para ti. Pero si alguna vez fuiste creyente y en momentos apurados exclamaste: “ay dios mío ayúdame”, entonces debes oír esto. Es duro no tener un ser superior a quien acudir en momentos de desamparo o desesperación. Aprender a vivir sin esas muletas no se hace de un día para otro. Cuesta y, a veces, mucho. Estamos solos frente a la vida con solo nuestros recursos o los de otras personas, si les pedimos ayuda o nos la ofrecen. Hacer frente a la realidad sin magia, sin poderes, sin intervenciones celestiales, sin la intercesión de santos, nos deja desnudos frente a la vida. En la otra posición confiábamos en que el ser superior nos abriría puertas y caminos. En esta, solo cabe que lo hagas tú. Y lo que tú (u otros que te ayuden) no hagas o hagan, queda sin hacer. La única divinidad que puede salir en tu auxilio es la que llevas dentro de ti, como parte del universo material que eres.
El satanismo ateísta proclama que todas las religiones son un puro invento humano pero es consciente que algunos satanistas dejan una puerta abierta a que lo que hemos llamado “dioses” sea una fuerza en el universo que hace que las cosas sucedan, o que “cuadren”. O quizá sean los extraterrestres que manejan los hilos, al modo de “Jason y los Argonautas”. Para quienes no la hayan visto, era una peli sesentera donde los dioses griegos tenían un tablero de juego y según los movimientos que hacían, les pasaban cosas a la gente. Cada uno es libre de creer lo que quiera. Porque el satanismo no es ni puede ser jamás dogmático.
El caso es que, como satanistas ateos, un cierto vacío hay que afrontar y solo se supera mediante la acción, actuando en este mundo real, disfrutando de lo bueno que hay en él, luchando por metas individuales y colectivas, encontrando la razón de vivir en experimentar hasta el fondo este mundo material y real. Las religiones nos han hecho creer que si no tienes fe, te sientes vacío y que tu existencia no tiene sentido. Pero sí, el sentido se lo das tú, con lo que haces, con tus proyectos, con tu experiencia del mundo.
Frente a este posible sentimiento de estar perdidos y sin rumbo, el satanismo puede ofrecer una solución: apoyarnos unos hermanos en otros. Pero para eso habría que corregir un excesivo individualismo que reina en el satanismo ateísta. Aquí me detengo, porque esto será el tema de otro próximo post. ¡Salud y libertad!
H. Metael





3 comentarios
Me ha gustado y servido mucho la reflexión. Creo fervientemente en la ayuda de unos hermanos a otros.
Muchas gracias
Me encanta. Como siempre tan acertado.